Junto con el anuncio de la aplicación, la Comisión publicó la primera lista de firmantes del Código de Buenas Prácticas sobre la Transparencia del Contenido generado por IA. Dos grupos de trabajo de implementación comenzarán en septiembre de 2026.
La trampa aritmética
La sección 1, para proveedores, cuenta con 83 firmantes. La sección 2, para implantadores, con 152. La suma da 235, y ese número es incorrecto: las organizaciones pueden firmar ambas secciones, por lo que la Comisión informa de unas 190 organizaciones distintas. La Comisión tampoco es coherente: una de sus dos páginas publicadas el mismo día dice "unas 190" y la otra "más de 180". Conviene atribuir la cifra en lugar de afirmarla categóricamente.
Quién figura en cada lista
La sección 1 incluye a Anthropic, Google, Meta, Microsoft, OpenAI, Mistral, Cohere, Aleph Alpha, Black Forest Labs y Synthesia. La sección 2, la de implantadores, corresponde a un tipo de empresa distinto por completo: Getty Images, Lenovo, Lufthansa, Bulgari e Iberdrola.
Firmar no es la obligación
El Código es voluntario. Es una vía de presunción de conformidad: una forma de demostrar el cumplimiento del artículo 50, no la fuente de la obligación. Una empresa que no firma nada está sometida exactamente a la misma obligación legal. Informar de que 190 empresas han aceptado etiquetar el contenido de IA invierte la relación: la exigencia de etiquetado es la ley, y el Código es una manera de mostrar el trabajo realizado.
El recuento es un indicador débil de cobertura
Aproximadamente la mitad de los firmantes son empresas pequeñas o de creación reciente, y la propia Comisión señala la asimetría: la obligación legal recae sobre los proveedores, por lo que los implantadores de la sección 2 se están ofreciendo voluntariamente más allá de lo que la ley les exige. Un recuento de firmas dice poco sobre cuánto del mercado europeo queda cubierto.
La oficina que tiene que ponerlo en marcha
Dos grupos de trabajo de implementación se lanzan en septiembre, y la Oficina de IA está reforzando plantilla para atenderlos — 38 empleados adicionales en Bruselas, según informaciones publicadas ese mismo día, junto con un canal para denunciantes dirigido a trabajadores del sector tecnológico y una herramienta confidencial de comunicación de cumplimiento. Ambas herramientas son una admisión del problema de fondo: un regulador no puede inspeccionar desde fuera las prácticas de entrenamiento o etiquetado de un modelo, así que está creando vías para que quienes están dentro le cuenten lo que sucede.
