Las personas que construyen la IA de vanguardia se están convirtiendo en una fuerza política con su dinero. Un análisis del 18 de julio realizado por San Francisco Standard revela que los empleados de OpenAI y Anthropic están donando a candidatos políticos con mayor intensidad —y de forma más cohesionada— que los trabajadores de Google, Facebook o Airbnb en sus primeros ciclos electorales posteriores a la salida a bolsa.
Un dato llamativo
La concentración se aprecia en acontecimientos puntuales. En un caso, 28 empleados —20 de Anthropic y 8 de OpenAI— aportaron al candidato al Congreso Alex Bores, del distrito 12 de Nueva York, un total conjunto de 173.000 dólares en un solo día, el tipo de donación coordinada que indica una agenda política compartida más que preferencias personales dispersas.
La magnitud
Al cierre del primer trimestre, los empleados de Anthropic por sí solos acumulaban 302 donaciones por un total de más de 880.000 dólares —una media de más de 12.500 dólares por donante. Se trata de una cifra per cápita inusualmente alta para una plantilla en una fase tan temprana de la vida de su empresa, y apunta a una clase políticamente implicada y bien remunerada que se está formando con rapidez.
Qué están comprando
El dinero tiene una dirección. Gran parte respalda a candidatos que favorecen normas más estrictas de seguridad en IA, entre ellos Bores y el senador estatal de California Scott Wiener, autor de una legislación sobre IA de gran repercusión. En otras palabras, muchas de las personas más cercanas a la tecnología están financiando a políticos que quieren regularla con mayor rigor, en un contraste notable con los impulsos desreguladores que marcaron anteriores oleadas de dinero tecnológico.
El panorama general
El tema no es del todo nuevo —Bloomberg informó días antes sobre líderes y empleados de Anthropic que donaban para regular la IA—, pero el análisis más amplio de la FEC realizado por Standard muestra que se trata de un patrón de toda la plantilla, no de una iniciativa impuesta desde arriba. A medida que la IA se convierte en una batalla política definitoria, los propios empleados del sector se están alineando como un electorado organizado dentro de él.
